Un tumor cerebral no es una sola enfermedad
Los tumores cerebrales se dividen en primarios (originados en el cerebro) y metastásicos (diseminados desde otra parte del cuerpo). Entre los tumores primarios se encuentran el glioma (astrocitoma, oligodendroglioma, glioblastoma), el meningioma (alrededor del 90 % benignos), el adenoma hipofisario, el neurinoma del acústico (schwannoma vestibular) que surge del nervio del equilibrio y el linfoma. Los tumores metastásicos provienen con mayor frecuencia del pulmón, la mama, el melanoma y el riñón y suelen ser multifocales. El plan de tratamiento se elabora de forma individual según el diagnóstico histológico (patología), los marcadores genéticos (IDH, MGMT, 1p/19q) y el estado general del paciente. Por eso el diagnóstico de «tumor cerebral» por sí solo no es una prescripción de tratamiento.
¿Qué significa «resección máxima segura»?
El único principio de la cirugía moderna de tumores cerebrales es proteger el tejido cerebral funcional sano mientras se extirpa el tumor. El volumen de tumor extirpado influye, especialmente en los gliomas, en la supervivencia y el tiempo de recidiva; la función preservada determina la calidad de vida del paciente. Una resección demasiado agresiva puede provocar pérdida de fuerza o del habla, mientras que una resección insuficiente puede dar lugar a una recidiva temprana. Entre las tecnologías que establecen este equilibrio se encuentran el microscopio de alta magnificación, la neuronavegación basada en RM/TC, la RM funcional y la tractografía DTI que mapean las vías motoras y del lenguaje antes de la cirugía, la craneotomía en vigilia cuando es necesaria y la resección guiada por fluorescencia (5-ALA) que hace visible el tejido tumoral bajo la luz en los gliomas. No todas estas tecnologías son necesarias en cada paciente; la ubicación de la lesión y la experiencia quirúrgica determinan cuál se utiliza.
¿En qué tumor es prioritaria la cirugía y en cuál es una alternativa?
Situaciones en las que la cirugía es la primera opción: un meningioma sintomático o de crecimiento rápido, un glioma en una ubicación resecable, un adenoma hipofisario que causa pérdida de visión o secreta hormonas (por vía endoscópica transesfenoidal), una metástasis cerebral solitaria con enfermedad primaria controlada y los tumores embrionarios de la infancia. Por el contrario, en algunos tumores la cirugía por sí sola no basta o es preferible una alternativa: en el linfoma (PCNSL) el tratamiento no es la resección, sino la quimioterapia y la radioterapia tras una biopsia; en los gliomas de localización profunda como los del tronco encefálico o el tálamo destacan la biopsia y el Gamma Knife; en más de cinco metástasis se prefieren el Gamma Knife o la radioterapia de todo el cerebro; en un meningioma pequeño asintomático o un neurinoma del acústico pequeño se plantean la observación o el Gamma Knife. La decisión siempre es multidisciplinar; el neurocirujano, el neurorradiólogo, el oncólogo radioterápico y el oncólogo médico evalúan en conjunto.
El proceso de la cirugía y la recuperación
En la fase de preparación se realizan una exploración neurológica detallada, una RM con contraste y, si es necesario, una RM funcional y una tractografía DTI, una reunión multidisciplinar y una evaluación anestésica. En la cirugía se coloca al paciente según la ubicación del tumor; la mayoría de los casos se operan bajo anestesia general, mientras que los tumores cercanos a un área funcional se operan despierto cuando es necesario. Basta con un rasurado lo más estrecho posible dentro de la línea del cabello; rasurar todo el cabello rara vez es necesario hoy en día. Se retira el colgajo óseo, se abre la duramadre, se extirpa el tumor bajo el microscopio con guía de navegación y las capas se cierran una a una. El procedimiento puede durar entre 2 y 8 horas según el tipo de tumor. Después suelen seguir entre 24 y 48 horas de cuidados intensivos y luego una hospitalización de 3 a 7 días en total; el grado de resección se evalúa con una RM de control y, si el resultado de la patología lo indica, se planifica un tratamiento adyuvante (radio/quimioterapia).
Riesgos y expectativas realistas
La cirugía de tumor cerebral es una intervención mayor y sus riesgos deben hablarse con honestidad: hemorragia, infección, un déficit neurológico temporal o permanente según la ubicación del tumor, edema cerebral que persiste unos días tras la cirugía y riesgo de convulsiones. Estas tasas varían según la ubicación y el tamaño del tumor, la edad del paciente y las enfermedades concomitantes; un equipo experimentado y una planificación multidisciplinar reducen notablemente estos riesgos. Los resultados difieren mucho según el tipo de tumor: en un meningioma benigno suele ser posible un control a largo plazo, en un glioma de bajo grado puede lograrse un control prolongado pero existe posibilidad de recidiva, y en tumores de alto grado como el glioblastoma el objetivo es prolongar el tiempo preservando la calidad de vida. No prometemos un resultado garantizado; las expectativas se comparten abiertamente antes de la cirugía.